La negación de la negación

BUENOS AIRES – ARGENTINA

NAHUEL MANUEL LAME

La  negación de la negación

A mediados del siglo xix un filósofo alemán mencionaba la frase que titula este escrito, ¿Por qué? Concluía un proceso en el cual dos individuos o grupos se enfrentaban en una búsqueda de reconocimiento en la cual, ya uno se había posicionado con el reconocimiento del otro, el otro ya lo había reconocido pero seguía buscando el reconocimiento del uno, hasta el momento en el que este segundo individuo ya negaba la falta de reconocimiento del primero. Su forma de llevar más llevadera la vida y la continuidad de esa relación era negar que el otro no lo reconocía y aceptar la cultura y postura de este; la naturaliza. Ahora. ¿Por qué empezar con esto?

Para esta fecha, un 19 de junio de 2018 mi yo colombiano recibió múltiples opiniones dirigidas a mi nacionalidad, tengo que aceptar que lo que más escuche fue opiniones sobre la derrota de Colombia contra Japón en el mundial, cosa que la verdad en ese momento que me decían esto, alegaba que la verdad no me estaba importado tanto ya que había una noticia referida a mi nacionalidad que me adolecía verdaderamente, la cual era la segunda conversación que tuve durante el transcurso de los últimos 3 días referida a mi nacionalidad, el resultado de las elecciones presidenciales en Colombia, cosa que tengo que aceptar que los resultados son de mi total desagrado y me genera un gran terror porque no aceptarlo, sobre lo que pueda pasar desde el 7 de agosto y al menos los cuatro años siguientes. Las opiniones referidas a esto creo que me indignaba más la posición de quienes tenían la misma postura que yo frente al tema, la famosa posición del ciudadano de izquierda que tilda al votante en contra como ignorante la verdad me colapsa, el arribismo académico de la izquierda me irrumpe muchas veces más que el arribismo moral, conveniente y/o negador del votante de un candidato de derecha. Pero con todo esto de introducción,

 ¿Que fue en verdad lo que me pudo adolecer más y provoco el título de esta columna?

después de horas de trabajo busco un bar para alivianar la cabeza de la confundible existencialidad de mi ser, la figura de serie gringa del hombre en la barra pidiendo una cerveza para pensar me llama de vez en cuando y accedo, pido a un hombre que me acerque un cenicero y comenzamos a conversar, el un hombre con rasgos andinos muy marcados, se me presenta como un hombre leído e intelectual, de la nada me comienza a hablar de literatura y de su gran fascinación por diferentes autores, todos europeos, que la elocuencia de Pessoa, la profundidad de Herman Hesse, que la brillantez de Houssey, que la literatura eslava y su imaginación, la filosofía alemana y su despliegue, a lo cual al principio yo accedía a la afirmación de sus propuestas con los autores que conocía y  con los que no conocía la intriga con conocerlos, hasta que me da por mencionarle a Porfirio barba Jacob un poeta colombiano, y su afirmación directa fue, que los autores americanos y su intento de realismo eran solo una muestra de la victimización común de la comunidad americana, aquí empieza una pared que los dos impusimos copa todo el resto de la conversación, en la cual ya lo único al final que yo hacía era escuchar y hacer pequeñas acotaciones, aunque dimos vuelta por bastantes discusiones en la cual él y su asombro por lo europeo o gringo blanco ya me cansaba; llego u momento que para bajar la tensión que no quería en ese momento al cual iba a relajarme, le hablo del tema básico entre hombres, MUJERES, lo cual fue peor, su forma de protegerse ante su contra racismo, fue que tenía un fetiche con las mujeres blancas y sobretodo las rubias, que sus vaginas y pezones rosados lo mataban y que él no era racista pero que no podría estar seriamente con una negra, que no podía negar que quería estar sexualmente con una negra porque bien dice el dicho, el que come negra va al cielo, lo cual acompaña con risas; cosa que me recordaba una posición bastante común del hombre que busca a la mujer negra como su satisfactor de fetiches y la termina ubicando al empezar a salir con alguna negra como su putita. Ahora para no contar toda la conversación con este hombre que al finalizar la conversación me dice que era porteño de herencia italiana y que intentaba portar un estilo George Cloney.

¿A qué viene esto con la propuesta del título?

Es notable el vaciamiento cultural y la negación que tenemos ante nuestra identidad, la negación de la negación que se nos impone esta preexístete al nacimiento de cualquiera que pueda leer esta columna, una ideología con múltiples instituciones encargadas de hacer prevalecer esta cosmogonía y forma de ver las cosas, que aunque lo neguemos es algo que no nos completa y nos impone una inseguridad individual que acéptemelo nunca la vamos a solucionar si no nos despegamos, ¿Por qué? Porque no somos parte de eso, como eliminar la inseguridad del adolescente andino que a sus 18 años hasta ahora le crece el boso, o como eliminar la inseguridad de la mujer negra que en su juventud la lleva al borde del suicidio no ser al menos un poco más blanca o tener al menos el cabello liso, o la inseguridad del hombre campesino o trabajador americano que no conoce a Bach y solo escucha vallenato cumbia, samba o chacarera. No estoy diciendo no escuchemos a Bach, o aprendamos de la cultura europea, el intercambio cultural es lo que ha alimentado la humanidad en su historia, pero no un intercambio que se impone y se encarga de vaciar toda la cultura con la cual se cruza, que toma lo que le sirve y condiciona que puede prevalecer y que no, acaso no estaríamos pisando toda la lucha de nuestros ancestros por la cual todavía algo de lo que somos queda, que gracias a ellos todavía habemos gente negra, india, andina, caribe. Nuestra identidad, esa por la que nuestra gente lucho todavía existe así la neguemos. No es una victimización en ningún momento, es solo creer en nuestro criterio, o acaso porque se nos diga en la escuela que la discriminación ya no existe, entonces ¿es una verdad absoluta? O acaso vamos a esperar a que nuestros rasgos cumplan un nuevo fetiche para los blancos y así tomarles propiedad. Ahí un grave problema que detectamos todos y es la fuerte individualidad que persiste en nuestra ¨sociedad¨, y  si detectamos esa individualidad acaso ¿la solución no sería buscar nuestro pueblo o comunidad? Ya con esta pregunta nos queda la gran tarea. ¿De qué pueblo somos? No la neguemos, ni aceptemos su destrucción. Aceptemos nuestros privilegios también, y dediquemos un momento, un minuto a pensarlos. Explícitamente, dediquémoslo.

NAHUEL MANUEL LAME

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